A
mitad de camino de Talladell a Tàrrega (el
Urgell) está el santuario del Pedregal (hoy totalmente restaurado por
parte del Consejo Comarcal del Urgell), donde antiguamente hubo la antigua
abadía cisterciense de Santa Maria del Pedregal, fundada alrededor del año
1176 por la familia de los Anglesola, y adonde llegó una comunidad de 13 monjas
de Vallbona para residir allí y llevar vida religiosa.
Durante el siglo XIII hubo numerosas donaciones, lo que permitió su crecimiento
y la construcción de un albergue anexo al monasterio, con la finalidad de
hospedar a los peregrinos, caminantes y visitantes que llegasen hasta aquí. A
pesar de las propiedades y bienes (recibió numerosos privilegios de la Casa Real
y de los Cardona, entre otros), la comunidad nunca fue muy numerosa. El siglo
XIII fue el de su máximo esplendor.
En el año 1604, después de una larga decadencia de un siglo, el abad del Cister
ordenó que se fusionaran las casas del Pedregal y de Sant Hilari de Lleida. Ya
anteriormente, en el año 1589, el Pedregal había albergado la comunidad de
Vallsanta de Guimerà. Ahora las monjas emprenderían el camino de Lleida. Lo
cierto es que la marcha de las monjas del Pedregal no dejó indiferentes a los
tarraguenses ni a sus autoridades. Intentaron parar aquella marcha. Incluso les
ofrecieron la alternativa de que las monjas se trasladaran a vivir en el
interior de la población tarraguense, ya que así no tendrían que irse y estarían
seguras. Les ofrecieron un espacio en la calle de Santa Anna, pero no pudieron
impedir la partida de las monjas hacia Lleida, lugar donde, por cierto, sabemos
que se sintieron desplazadas e incómodas, de ahí que en el año 1605 escribieran
a los concejales de Tàrrega pidiéndoles su protección para volver al Pedregal.
No volvieron...
Poco a poco se fue deteriorando aquel monasterio. En las postrimerías del siglo
XVIII todavía conservaba en pie una parte muy notable de su estructura. El
expolio fue una constante, hasta el punto de que en el año 1761 se sacaron a
subasta sus piedras. Para colmo, en 1874 la riada de Santa Tecla se llevó las
cuatro piedras que quedaban en pie.
Hoy, el santuario-ermita se levanta muy cerca de aquel lugar, construido en el
año 1875 reutilizando, con bastante esmero y buen gusto, elementos
arquitectónicos del antiguo monasterio cisterciense. En la portalada llaman la
atención del visitante las armas de las casas de Barcelona, Cardona y Anglesola,
las familias que fueron generosas con el monasterio.
En el interior una virgen de piedra arenisca del país de 180 cm de altura, de
estilo gótico (siglo XIV, hay quien dice que de finales del XIII), hecha de una
sola pieza con el Niño sentado en su brazo, dibujando una dulce sonrisa, espera,
pacientemente, que algún caminante que pase por el camino se detenga.
Hay buen aparcamiento. El rector de El Talladell es el encargado de la ermita y
tiene la llave.
Fuente y archivo fotográfico: JOAN BELLMUNT I FIGUERAS